¿Realmente los Nazis eran ocultistas?

¿Realmente los Nazis eran ocultistas?

Recientemente participé en un ‘evento’ denominado ‘Booktour Colombia’ el cual consiste en que un grupo de personas leen un libro prestado por una persona –miembro de los organizadores del evento- en un tiempo límite de dos semanas. El libro, como es prestado en físico, debe ser enviado tras dos semanas al siguiente participante, quien al terminarlo debe enviarlo al siguiente en la lista hasta que este regrese a su dueño. Participé para leer ‘Los hornos de Hitler’ de Olga Lengyel, debido a que uno de mis temas favoritos es la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de este artículo en principio era hacer una reseña de lo leído, no obstante, cambié de opinión a última hora y decidí hacer un blog para desmentir algunas ‘verdades’ lanzadas por Lengyel. ¿Realmente miembros del nazismo eran ocultistas? ¿De verdad hubo sacrificios humanos?

En el libro, Lengyel, cuenta el tormentoso periplo que tuvo que padecer junto a su familia, la cual fue asesinada en su totalidad por los Nazis, en el campo de concentración de Birkenau el cual hacía parte del complejo de Auschwitz. Lengyel hace un recuento doloroso de cómo ella junto a su esposo el doctor Miklos Lengyel, quien trabajaba en el hospital de Cluj-Napoca en Rumanía, perdieron todas sus pertenencias y fueron enviados al campo de concentración con sus otros familiares donde finalmente serían asesinados en la cámara de gas. Lengyel describe sus peripecias para poder sobrevivir con el poco alimento que le daban, como logró escabullirse en numerosas ocasiones de las revisiones que enviaban a internas del campo a morir en Birkenau, las golpizas y vejámenes de las que fue víctima.

En el libro Lengyel cuenta que junto a su marido habló con un miembro del alto mando nazi quien vivía en su complejo residencial. El nazi les contó cosas como la veneración que tenían las SS hacia un dios llamado Wotan (quien no es más que el dios nórdico Odín) y los sacrificios humanos que llevaban a cabo para pedirle su ayuda en la guerra. También les contó de la eutanasia que les practicaban a judíos y una secta de la que hacían parte los líderes nazis denominada ‘La Sociedad Thule’.

 

La Sociedad Thule

No es un mito que ‘La Sociedad Thule’ haya existido. De hecho, varios miembros de las esferas del nazismo participaron en numerosas reuniones, entre ellas Rudolf Hess y Heinrich Himmler. En los principios del nazismo, antes de la creación del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán por parte de Dietrich Eckart, Hermann Göring y otros miembros de la alta sociedad alemana, Rudolf von Sebottendorff (también conocido como Ervin Torre), el cual era un seudónimo para su nombre real, Adam Alfred Rudolf Glauer, creó ‘La Sociedad Thule’ la cual era un gremio ocultista en el cual participaban diferentes miembros de la alta sociedad de la época. Los ‘thulistas’ fueron los primeros en realizar ‘reivindicaciones’ de orígenes arios (haciendo referencia a una raza superior físicamente similar a los escandinavos) dentro de la sociedad alemana. Los ‘thulistas’ creían en teorías como la tierra hueca, la procedencia de los arios de un continente perdido como la Atlántida, entre otras. Además de creer en ‘cuentos chinos’, eran antisemitas, anticomunistas, racistas y xenofóbicos, vamos, sujetos deplorables.

Su organización los llevó a cometer actos como el asesinato del primer ministro socialista Kurt Eisner durante la Revolución de Noviembre entre 1918 y 1919 donde surgió la República Soviética de Baviera. En pleno auge comunista, la República Soviética les acusó de infiltrarse en dicho gobierno ficticio y realizar un golpe de estado el 30 de abril de 1919. Allí, el gobierno comunista apresó y ejecutó a varios de sus miembros.

Cuando Dietrich Eckart escucha hablar en Múnich a Adolf Hitler sobre la situación actual alemana en 1919 finalizada la Primera Guerra Mundial, queda sorprendido, pues la manera de hablar y expresarse del joven Hitler acaparaba la atención de muchos. Eckart lo invita a formar parte de las tertulias nocturnas que se llevaban a cabo en un bar donde diferentes personajes de la alta sociedad alemana se reunían a vociferar su repudio por la ‘desgracia alemana’ tras perder la guerra. Allí, Eckart le presenta diferentes miembros de ‘La Sociedad Thule’ entre el que está Anton Drexler, quienes, tras la fundación del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, financiarían la causa que llevaría al nazismo al poder.

El apoyo de los ‘thuletistas’ fue tal que gracias a la posición económica varios de sus miembros compraron el semanario Münchener Beobachter, que cambiaría su nombre a Münchener Beobachter und Sportblatt, el cual terminaría siendo el periódico oficial del Partido Nazi, el cual fue editado por Karl Harrer y en el que Eckart escribía a menudo alabando a Hitler por su ferocidad al hablar. 

Cuando Hitler llega al poder en 1933 suprime ‘La Sociedad Thule’ la cual para entonces tenía aproximadamente 1500 miembros activos; junto a otras organizaciones esotéricas, por considerar que las sectas ocultistas impedían el progreso alemán. Tras la legislación antimasónica de 1935 el resto de organizaciones ocultistas alemanas fueron clausuradas y sus miembros perseguidos. A pesar de lo anterior, muchas ideas de ‘La Sociedad Thule’ continuaron dentro del nazismo, tales como la raza aria y el antisemitismo que les permitió hacerse con el poder. No obstante, el hecho de que esas ideas absurdas y racistas estuviesen dentro de los fundamentos del nazismo no significa que muchos de ellos las apoyaran, como Göring quien nunca fue antisemita. También se ha de mencionar que Hitler nunca hizo parte de aquellas organizaciones, pues no solo las rechazó públicamente y persiguió aquellas sectas, sino que en el diario de Johannes Hering, miembro de ‘La Sociedad Thule’ se refirió a la inasistencia de Hitler a aquellas tertulias.

 

El ocultismo

Una vez el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán llegó al poder, Hitler y diferentes partidarios quienes aborrecían las religiones y las sectas persiguieron diferentes tipos de organizaciones. A pesar de ello, miembros de las altas esferas nazis como Heinrich Himmler, quien fue el líder (Reichsführer) de las Schutzstaffel (SS) y de la Policía Alemana, encargado junto a Reinhard Heydrich de ser los ‘arquitectos’ de la llamada ‘Solución Final’, estaban muy inmersos al ocultismo.

Himmler desde muy joven tuvo un gran interés por el misticismo y por el ocultismo, ‘hobbie’ que lo llevó a utilizar simbología nórdica y de otras creencias ‘paganas’ en la vestimenta de las SS, tal cual como las runas usadas como rayos para representarlas. La Totenkopf en los sombreros y mangas, los anillos de honor, entre otros.  

Su búsqueda por el ario perfecto lo llevó a fundar la Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana (Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte‚ Deutsches Ahnenerbe e.V.), la cual se encargaba de realizar tareas arqueológicas, etnológicas y antropológicas en diferentes países del mundo buscando vestigios de la ‘raza superior’. Organización que por ejemplo es nombrada en uno de mis libros favoritos, ‘La Hora Veinticinco’ de Constantin Virgil Gheorghi, donde el protagonista Ioan Moritz fue reclutado por las SS por ser ‘ario’ tras su estadía en una prisión húngara. La búsqueda de Himmler de una u otra manera había finalizado en 1931 cuando conoce a Heydrich y lo nombra como el jefe de las Sicherheitsdienst (SD o Servicio de Seguridad), pues física, psicológica y moralmente era parecido a su idealización del ario. No obstante, continúa con órdenes de expediciones arqueológicas por diferentes territorios, entre ellos en el Himalaya. Himmler, buscando la limpieza de la raza embarca la titánica tarea, tal cual nombra Lengyel en su libro, de promover la natalidad del Tercer Reich para que se propagase la mayor cantidad de arios en el país.

A pesar de lo anterior, la mayoría si es que no se puede hablar de la totalidad de los nazis no eran ocultistas y mucho menos cuando Hitler intentó respetar (por cuestiones mediáticos) el cristianismo, un poco inclinado a las ideas de Mathilde Ludendorff, (quien creía en un Dios acorde a la raza aria alemana) pero respetaba el credo del alemán común. Hay que aclarar que existen muchas versiones sobre la verdadera religión de Hitler. Muchos historiadores llegan a la conclusión de que era ateo y por cuestiones obvias no se fue encima de la religión; otros que sí era ocultista y que lo mantenía bajo la mesa para no perder adeptos; otros más que era abiertamente misticista y que buscaba una nueva religión para Alemania. Lo cierto es que, aún no es muy claro ni hay una versión oficial. 

Evidentemente, el cuento del superhombre y del Dios a imagen aria, era manipulación para crecer el ego del alemán popular, el alemán del común. Todo con el objetivo que bajo el sentimiento de ser superiores al resto de mortales de la época participaran activamente no solo de movimientos como las Juventudes Hitlerianas, las Camisas Pardas (Sturmabteilung) de Ernest Röhm y las SS de Himmler, sino también en el ejército regular alemán. Por consecuente, diferentes altos cargos de las fuerzas armadas alemanes junto a aristócratas e ilustres de la época no ‘comían entero’. Karl Dönitz, precisamente no fue enviado a la horca tras los juicios de Núremberg, por ser un marine alejado de aquellas ideas radicales y genocidas de las que hacían miembros como Himmler y Goebbels.

Lo mismo sucedió con Wotán (Odín) al que Alfred Rosenberg le rindió pleitesía y al que Rudolf Hess investigó antes de ser capturado en su absurdo viaje hacia Reino Unido para negociar solo con los británicos. La creencia en él y en diferentes personajes mitológicos de los nórdicos no significa que los soldados alemanes creyeran en él. Tampoco (que se conozca) se hicieron rituales de sangre y de haberse cometido fueron poquísimos y perpetrados por locos como Rosenberg, Hess o Himmler.

En fin, nunca sabremos con certeza cuántos y quiénes eran los líderes nazis metidos de cabeza en el ocultismo. Lo cierto es que, a pesar de ello el mundo sigue echándole más tinta negra al tema del nazismo, como sucedió hace unos años con la supuesta reunión que tuvo Hitler con un grupo de alienígenas. Vamos, chorradas a toda regla.

 

-César Zalamea.

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 07/04/2020

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