LA SELVA DE HORMIGON ¿EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD?

LA SELVA DE HORMIGON ¿EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD?

Vivimos en un mundo cada vez más competitivo, donde el fuerte gana y el débil pierde.

Sí, sé que no es como quisiéramos que fuera, pero lo es.

¿Entonces la evolución de la sociedad humana consiste en la individualidad?

Pues nuestros genes dicen que no.

Numerosos profesionales de la psicología, antropólogos y genetistas afirman que el colaborar con otros está en nuestros genes.

En la naturaleza, solo las especies que mejor se adaptan logran sobrevivir.

Y dentro de esta selección natural, el hombre se autodomesticó seleccionando a los más sociales para la supervivencia de la especie, además de que solo los grupos donde sus miembros colaboraban entre sí sobrevivieron al hostil entorno de la edad de piedra.

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"Incluso muchos sociólogos vinculan esta necesidad psicológica de socializar con una necesidad física."

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Cuando necesitamos comida, nuestro cuerpo nos avisa por medio del hambre, y cuando necesitamos agua, por medio de la sed.

Entonces ¿Cómo nos comunica nuestro cuerpo que necesitamos de la compañía de otros? Esos sociólogos denominan a esa necesidad ‘soledad’.

Nuestro cuerpo y nuestros genes nos piden interacción con otros porque en el pasado, si no cooperabas, morías.

Edad de piedra

Regresando entonces a la pregunta del título: ¿Qué tienen que ver la ciudades con los males de la sociedad actual? Pues mucho.

A pesar de que el ser humano es un animal social y la sociedad es un resultado de esa necesaria colaboración, estamos en un momento de nuestra historia donde consideramos que la independencia es uno de los mayores logros a los que uno puede aspirar.

“No volveré a depender de mis padres”, “me mudaré de casa”, “seré mi propio jefe”, “no dependeré de una pareja”, “viajaré por el mundo sin atarme a un solo lugar”, “trabajaré desde casa para no complicarme con colegas”, “no necesitaré pedirle permiso a nadie nunca más”...

Esos son algunos de los objetivos que muchos jóvenes y no tan jóvenes se plantean. Cuanto más grande sea tu casa con la menor cantidad de residentes, más exitoso eres.

Cuanto más grande y/o potente sea tu auto y menos cantidad de gente tengas que llevar en él, más éxito.

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"No necesitar de nadie es la nueva encarnación del éxito."

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Aislamiento

Basado en eso hemos construido ciudades donde tu hogar es tu castillo, como dice un conocido refrán, y donde salir de ese territorio es entrar en la zona de la competencia, en terreno hostil.

Encerramos nuestras vidas entre muros que nos salvan del exterior, además de crear servicios para evitar lo más posible dejar ese refugio seguro: comunicación a distancia, servicios de entrega y trámites por internet. Incluso muchos ya evitan tener que hablar con otro ser humano aunque sea de manera virtual; mejor mandar un mensaje por whatsapp o instagram.

Cuando yo era niño, en el siglo pasado, salía por mi barrio con confianza, conocía a la mayoría de niños que vivían cerca, en muchos casos, conocía a sus padres… Ahora no conozco ni a algunos residentes del edificio en donde vivo. Y no soy sólo yo. La mayoría de mis amigos me comentan lo mismo. La vida de barrio acabó.

Barrio

Si un día el avión en el que viajas cayera en la selva y te encontrases solo, tratarías de sobrevivir como fuese y agradecerías ver al primer humano en medio de esa jungla, ¿verdad?. Porque es tu especie, es tu igual, tu aliado contra los depredadores de esa selva.

Pero hoy vivimos en la selva de hormigón, donde salir de tu casa es entrar a un territorio hostil, y donde ver a otro humano ya no te da tranquilidad y confianza, sino estrés y suspicacia. Ese extraño no es un amigo, es un depredador, un competidor, un peligro.

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"Nuestros genes nos piden contacto humano pero la sociedad actual nos sugiere y facilita el no tenerlo. "

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Facebook me sugiere agregar a conocidos que no veo hace años en vez de a esos vecinos que aún no conozco. Las redes sociales me invitan a quedar bien con desconocidos de otra zona del mundo en vez de salir al parque e interactuar con humanos en la vida real.

Sería justo y necesario que alguien me dijese: “nadie te obliga a dejar de socializar”, pero como estás leyendo esto a través del internet, tal vez estés pasando por un proceso similar sin darte cuenta.

Ahora, debo dar un paso atrás porque no quiero decir que las redes sean malignas y que no se deban usar las nuevas tecnologías de comunicación. Tampoco que debemos salir de nuestras casas y hablar con extraños al azar. Creo que se debe encontrar un nuevo balance entre nuestra vida comunitaria real y nuestra vida virtual.

Uno cuida su hogar porque es suyo. Eres parte de ese hogar.

Lo mismo debería pasar con tu calle. Es la calle de todos los que viven en ella, y también tuya.

Podríamos hacer lo mismo con tu barrio, tu distrito, región, país... Dejar de sentirnos amenazados por nuestro entorno y comenzar a sentirnos parte de él.

Cuando te sientes parte de tu barrio,  lo quieres y lo cuidas.

Cuando te sientes parte de tu ciudad,  la quieres y la cuidas.

Cuando te sientes parte de tu país,  lo quieres y lo cuidas.

Siendo así ¿Cómo será realmente sentirse parte de la humanidad?

Parece que aún no llegué a la idea original, el problema de la sociedad actual.

Tras esta larga introducción entonces no tengo que decir más que una palabra:

DESCONEXIÓN.

Ciudad

La violencia viene de la desconexión con el prójimo. La falta de civismo de la desconexión con tu país. El consumo irresponsable de drogas de la desconexión con tus seres queridos. La contaminación de la desconexión con tu medio ambiente. La toxicidad en las redes de la desconexión con el acto de socializar en el mundo real.

Todo cambio es difícil y nos cuesta, pero paso a paso creo que podemos volver a conectarnos con los demás. No solo me refiero a reducir el tiempo virtual y aumentar el tiempo real en nuestras vidas sino también a expandir los muros que nos separan de nuestros vecinos, colegas y compatriotas para incluirlos.

Todo comenzó con tribus y grupos. Aumentemos los nuestros, que eso mejora no solo nuestra vida sino todo nuestro entorno.

 

Colaborador: Rod Laguna

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