El Adagio de Sarajevo

El Adagio de Sarajevo

Eran aproximadamente las 22:00 horas del martes 25 de agosto de 1992. Vijecnica, uno de los edificios más bonitos de Europa del este, que había servido como Biblioteca Nacional de Sarajevo tras su papel como Ayuntamiento de la ciudad entre 1896 y 1949, ardía. En llamas, se desintegraba tras ser blanco de la artillería serbobosnia anclada en las montañas. Inmediatamente decenas de personas ingresaron a la biblioteca buscando salvar los libros y manuscritos con décadas y siglos de antigüedad. La biblioteca, un hermoso edificio de renacimiento árabe construido a la orilla del río Sarajevo, imagen de acontecimientos como la visita del archiduque Francisco Fernando de Austria minutos antes de ser asesinado por Gavrilo Princip –desencadenó así la Primera Guerra Mundial-, ardía.

Veinte minutos después, un camión de bomberos llegó para intentar apagar las llamas de tan bello y omnipotente edificio, pero se quedaron sin agua pues los serbobosnios cortaron el servicio. Los hombres que ingresaban al edificio para rescatar el material bibliográfico fueron ultimados desde las montañas por morteros y balas de francotiradores que querían evitar que el contenido multiétnico, de mayoría otomana, fuese rescatado. Vijecnica ardió por tres días. Tres días donde personas perdieron la vida salvando letras. No importó el fuego y las balas enemigas, la gente continuaba trabajando por salvar el material, unos apagando el fuego y otros echando los valiosos documentos por las ventanas para que un grupo de vehículos los trasportaran a lugares a salvo como refugios nucleares soviéticos, los sótanos del Ministerio de Educación y un antiguo cuartel del Ejército Yugoslavo. El resultado, casi dos millones de libros, manuscritos, colecciones bibliográficas, revistas, material especial e incunable, se consumieron por el fuego. A cenizas se redujeron textos con un valor incalculable, con seis siglos de antigüedad. Textos en lenguas y alfabetos con presencia en Los Balcanes como el alemán, árabe, cirílico, croata, griego, hebreo, latín, persa y ruso.

Muchos se preguntaron cuando el fuego cesó, ¿por qué destruir el patrimonio histórico de croatas, musulmanes, serbios y bosnios? ¿qué ganaban?

 

El Genocidio cultural de Koljevic

La gente no salía del pánico de ver soldados disparar morteros y balas, asesinando a familiares y amigos, cuando comienzan a matar su historia, su cultura. Uno de los bibliotecarios de Vijecnica, Kemal Bakaršić, respondería a la pregunta “¿por qué destruir la Biblioteca?”: «porque su guerra no existe aquí, los escritores serbios y bosnios, judíos y musulmanes viven en los mismos estantes». Su objetivo era borrar los rastros de una historia común. Cuando borran la historia se puede escribir lo que se quiera. Ese era el objetivo de las fuerzas de las autoproclamadas República Srpska y el Ejército Popular Yugoslavo en Bosnia.

El escritor Goran Simić diría: «Liberados de la chimenea, los personajes deambularon por la ciudad, mezclándose con los transeúntes y las almas de los soldados muertos. Vi a Werther sentado en la cerca de un cementerio destruido; Vi a Quasimodo balanceándose en el minarete de una mezquita. Raskolnikov y Meursault susurrando durante días en el sótano; Yossarian ya estaba comerciando con el enemigo; el joven Sawyer estaba listo para vender el puente Principov por poco dinero».

La biblioteca no fue un blanco accidental, fue premeditado y alevoso el ataque. Era evidente, lo impactaron varios proyectiles, destruyendo todas las estructuras de piso de madera, dañando y deformando la cúpula de acero. Las paredes del ático no soportaron el ataque y cayeron, mientras algunos pilares fueron completamente destruidos, junto a bóvedas de ladrillo, arcos de piedra, escaleras de piedra y cercas decorativas fueron destruidas. Sin contar que mientras la gente rescataba el material fue asediada a bala desde las montañas. Los paramilitares y tropas serbobosnias querían reescribir la historia, destruir un pasado común. Genocidio cultural y limpieza étnica contra bosnios y musulmanes eran su consigna

¿El culpable? Nikola Koljevic, un asiduo visitante de la biblioteca, profesor universitario y literato experto en Shakespeare fue la mente detrás del ataque. Koljevic, quien siempre negó su participación y quien echó la culpa a los bosnios y croatas, pasó de ser un amante de las letras a convertirse en el vicepresidente de la República Srpska, sanguinario genocida de seres humanos y cultura. Hasta la fecha, nadie ha rendido cuentas por el ataque contra Vijecnica, pues Koljevic se suicidó antes de ser juzgado y no se tiene claridad de los responsables materiales.

El Violonchelista de Sarajevo

 

En mayo de 1992, un mes después de iniciado el sitio de Sarajevo (y tres meses antes del ataque a Vijecnica), un mortero cayó en una panadería en plena tregua para comprar pan. El mortero les cortó la vida a 22 personas y dejó 50 más heridos, en plena calle de Ferhadija. Vedran Smailović, un músico de para entonces 36 años arriesgó su vida tocando el Adagio de Albinoni en plena calle durante 22 días. 22 días por las 22 víctimas que dejaron los morteros de los serbiobosnios, mientras estos bombardeaban con más morteros y disparaban desde las montañas. Smailović también tocó gratis en varios funerales de bosnios y musulmanes asesinados por los serbiobosnios durante el sitio de Sarajevo.

El día posterior al ataque a la Biblioteca Vijecnica, tal cual hizo para honrar a los 22 fallecidos de la panadería y sus alrededores, se dirigió con su traje de gala a las ruinas del centro cultural, se sentó y nuevamente tocó el Adagio de Albinoni. Tocó con lágrimas en los ojos por lo que fue el templo de la sabiduría de su ciudad. Tocó por los caídos. Tocó por el genocidio cultural. Tocó por el cese de la violencia. Tocó por la paz que se exige desde hace un siglo atrás. El fotógrafo Mikhail Evstafiev inmortalizaría para la historia la fotografía de Smailović tocando en los escombros del esqueleto de Vijecnica. Inmortalizando el dolor por las víctimas y dolor por el genocidio cultural, o como lo llamaría el escritor Juan Goytisolo, 'el memoricidio de Sarajevo'.

La historia de ‘Violonchelista de Sarajevo’ se inmortalizó también en obras musicales como ‘The Cellist of Sarajevo’, ‘Dead Winter Dead’, ‘Christmas Eve/Sarajevo 12/24’ y el libro ‘The Cellist of Sarajevo’ de Steven Galloway.

 

El renacimiento de Vijecnica

 

El 9 de mayo de 2014 y tras la financiación de diversas entidades y gobiernos, entre ellos el de Qatar, se terminó la reconstrucción de Vijecnica. La Biblioteca a su vez tiene un museo histórico, una sede universitaria y un salón de sesiones del ayuntamiento de Sarajevo.

Esperemos que no se vuelvan a presentar memoricidios, culturicidios ni libroricidios, ni en Bosnia ni en el mundo.  

 

 

 

 

-César Zalamea.

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