Factoría de pornografía

Factoría de pornografía

Beneficios algo impotentes

Según estimaciones recientes la industria del porno generó mínimo seis mil millones de dólares en 2018, pero una estimación intermedia dice que no fueron seis sino quince, ello colocaría esta industria por encima de Hollywood o Netflix solo en los Estados Unidos, capital de dicha industria. Desde una perspectiva mundial, las estimaciones son de 97 mil millones. No se sabe con certeza pues las productoras casi siempre optan por mantener privada esa información.

También se le atribuye a la industria del porno el haber impulsado la creación de muchas herramientas del mundo digital tales como el pago online con tarjetas, el streaming y la interacción on-line en tiempo real, tendencias que se trasladaron a las grandes plataformas como Youtube o Twitch. Pero la era digital también trajo una crisis como en seguida veremos.

Otros sectores también se beneficiaron del porno, compañías de internet, satélite, proveedores de tv, etc. Tal es la magnitud económica de la industria que en ocasiones políticos y legisladores se han abstenido de impulsar leyes contra el porno por el riesgo de perder ingentes ingresos tributarios. Como pasó en 2016: la Legislatura de California, propuso normativa para el uso obligado de condón en los rodajes en dicho Estado (considerado capital del porno). Las estimaciones de pérdida de ingresos ayudaron al fracaso de la propuesta.

Pero tanto la era digital como las regulaciones causaron secuelas e incluso llevaron a la industria a una considerable crisis y a severos cambios en poco tiempo. Con el auge de internet, el negocio parecía expandirse pues los canales de distribución por la red generaban millones. Pero a finales de los 2000 una serie de cambios causaron una gran crisis en el sector:

  • Apple y Google van marginando progresivamente el contenido pornográfico tanto en buscadores como en App stores. Hoy ninguna App Store oficial permite apps de contenido explícito.
  • Por otro lado surge Youtube, que sin ofrecer pornografía inspiró incontables clones porno como youporn, pornhub, etc., que ofrecen videos gratis pirateados, además de contenido amateur de los propios usuarios, que al obtener ingresos por sus aportes en programas partner se convierten en competencia directa de las productoras profesionales.
  • Encima estos cambios coincidieron con la recesión financiera global: Gente con menos dinero sumado a sitios con videos gratis, equivale a drástica reducción de ingresos para la industria.

Esta fue transformándose y adaptándose, surgieron así App stores porno independientes, motores de búsqueda especializados y sitios de livesteraming o “live cams” que ofrecen a los usuarios interactuar con modelos y performers, incentivando pagos y subscripciones.

Pero estos nuevos canales no fueron suficientes y los ingresos no volvieron a ser como antes. El porno ha tenido desventaja en la lucha contra la piratería pues a diferencia de industrias como Hollywood, el porno no está presente en medios mainstream y políticos y autoridades no se esfuerzan mucho cuando se trata de proteger a este sector. De hecho el porno ya ni siquiera es el entretenimiento audiovisual más consumido en la red. Si bien en los inicios de internet el porno era una fuerza dominante, hoy tras el auge de Youtube, Netflix, Amazon, Facebook etc., la mayoría del tráfico de videos on-line no es pornografía, y ninguna de dichas grandes compañías desea ofrecer porno en sus plataformas ni en sus dispositivos. Atrás quedaron los tiempos donde el porno era una industria innovadora, hoy va más bien a la zaga. La visión mitificada de toneladas de beneficios, poderosos magnates y riqueza a espuertas ya no se ajusta a la realidad.

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Tras un Pornstar se oculta un ser Humano

En una época en que las producciones porno relegan el componente actoral al mínimo, no se habla más de actrices sino de modelos o ‘performers’. Y aunque no parezca obvio esta profesión está llena de quebraderos de cabeza. Es significativo que los performers no solo cubren sus identidades con seudónimos sino que desarrollan todo un alter ego. No basta una lógica de actor-personaje, sino que deben disociar un yo pornográfico de un yo real y privado pues ser parte del porno tiene efecto permanente en la vida social, laboral y familiar de una persona.

Al contrario que en otros sectores, en el porno los realizadores se encargan de pocos elementos, son los performers quienes se ocupan de detalles como su propia vestimenta y lencería. Los performers masculinos cobran bastante menos y la mayoría recurren a píldoras estimulantes e inyecciones para mantener la erección debido a las largas sesiones de rodaje, eso al margen de estrictas rutinas para una salud física y mental. También les corresponde a los performer masculinos el continuo control de aspectos del rodaje como ángulos de cámara y control de tiempos, haciendo del trabajo algo apenas disfrutable. Otra preocupación continua es la seguridad sanitaria, con frecuentes test de enfermedades que se cumplen a rajatabla, de lo contrario se pone en riesgo a cientos de performers por contagio en cadena, una simple sospecha de brote puede paralizar la industria por meses.

Pero lo que afecta al corazón de esta industria tiene que ver con una cultura de abusos con violencia, drogas, explotación y salud mental. Indicio de ello fue el gran escándalo de la estrella James Deen, acusado de abuso por nueve mujeres. Fue un caso muy mediático pero no es más que la superficie de la situación de la industria, por ello las productoras luchan por labrarse buen prestigio, por demostrar que su negocio está libre de esos males y se esfuerzan en crear un ambiente de trabajo saludable y abierto, promoviendo la cercanía con su público, con estrellas, directores y performers compartiendo los detalles de la industria en redes sociales y Youtube. Pero el problema persiste en numerosos casos de performers que al retirarse del porno exponen situaciones dolorosas y dramáticas que muestran que crear un mundo de fantasía erótica tiene un elevado coste que algunos no son capaces de soportar, desembocando en tragedias.

Tragedias como el suicidio de la pornostar August Ames en 2017, cuya muerte causó severas consecuencias en la industria. August falleció poco después de revelar por Twitter su negativa a grabar con un performer de porno gay por temor a adquirir una enfermedad de transmisión sexual, tras ello recibió duras críticas y acoso pues para muchos se trataba de un caso de homofobia. Es muy probable que esa presión social desencadenara el suicidio de la estrella, pero quizá había factores más profundos. En solo tres meses desde el suicidio de Ames, se suicidaron otras cuatro conocidas performers, algunas de ellas lidiaban con problemas de drogadicción e inestabilidad mental. Cinco suicidios en tres meses no parecían casualidad.

Ante la evidente falta de apoyo psicológico y emocional en esta profesión, la APAC (Asociación para la protección de la salud y seguridad de los trabajadores del entretenimiento adulto) tomó medidas para convertir el porno en un sector preocupado por la integridad y salud mental de sus trabajadores, se estableció un número de atención para prevenir suicidios así como una lista de terapeutas especializados en trabajadores del porno.

Pero además de este tipo de ayuda, se busca difundir una educación que despeje creencias como las que tuvo Ames sobre la seguridad de grabar con performers gay, pues el protocolo de detección de enfermedades en el porno consiste en un test médico periódico que permite comprobar en una base de datos si un performer tiene riesgo de ETS, independientemente de que practique sexo gay o hetero.

Pero tal vez una persona rechace grabar escenas con performers gay no por desconocimiento sino por simple preferencia. Si bien en esta industria los performers eligen libremente qué tipo de escenas grabar y con quién, queda abierto un debate de si descartar trabajar con performers LGBT conlleva implícita una actitud discriminatoria.

Diseño conmemorativo de la performer fallecida

Pésimas lecciones de sexo

Pero hay otro debate que concierne a quienes no forman parte de esta industria, incluso a quienes ni siquiera consumen material pornográfico. El acceso a internet gracias a los smartphones está llevando a una generación entera de niños y adolescentes a encontrar información y educación sobre todo tipo de ámbitos a través de contenido digital al margen de padres, tutores o profesores, y la pornografía está sirviendo de atajo fácil en la educación sexual de los más jóvenes. Sin embargo el consumo de estas imágenes origina cierto tipo de expectativas sexuales que influyen y condicionan las relaciones personales y afectivas de las personas. Existe evidencia científica que indica que el consumo de pornografía tiene notables efectos en el cerebro, una espiral que conlleva la necesidad de material más novedoso y excesivo para resultar estimulante, es decir, a cuanto más porno estemos expuestos, más propensos somos a consumir pornografía extrema y violenta, la lógica se aproxima demasiado a la drogadicción.

¿Lícito entretenimiento para adultos o peligrosa adicción y problema social? Juzgue ud.

 

E.J.Barzallo

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