COLOMBIA: INDIGENAS YUKPA ACORRALADOS

COLOMBIA: INDIGENAS YUKPA ACORRALADOS

Los indígenas yukpa habitan la serranía del Perijá, en la frontera con Venezuela, y han visto cómo durante años se apoderan de sus tierras, desvían sus ríos y sufren las amenazas de grupos guerrilleros y paramilitares. Los bosques del Parque Natural Regional Serranía del Perijá están siendo incinerados y los indígenas viven en difíciles condiciones de salud. Piden atención del Estado y se enfrentan, en medio de la escasez, a la migración de indígenas yukpa que llegan desde Venezuela.

El pasado y el presente de los indígenas yukpa tienen tintes lúgubres. Los niños y niñas presentan altos índices de desnutrición y baja escolaridad; pocos adultos superan los 65 años. Según el Censo de 2005, en el país viven 4761 yukpa. Los ríos en los que pescaban sus ancestros están contaminados, algunos casi secos, y los peces escasean por la falta de oxígeno. Además, los cultivos de palma han desviado los pocos afluentes que sobreviven. El futuro para ellos es desolador. El pueblo yukpa es seminómada, recolector, cazador, pescador y agricultor, y vive de lo que la naturaleza le provee.

Una Historia de Marginación

A finales de la década de los sesenta llegó la bonanza algodonera y el municipio de Agustín Codazzi se convirtió en la ciudad blanca de Colombia. Pero ese auge afectó profundamente a los yukpa. La ampliación de las tierras dedicadas al algodón los hizo migrar a partes más altas de la serranía.

La situación se complicó con la bonanza del mercado de la marihuana de los años setenta, el cual causó una nueva migración de personas que vieron en estos cultivos una forma rápida de obtener riquezas. Esta vez la migración llegó acompañada de un alto grado de violencia, nunca antes visto en la región, ocasionado por el control de rutas de transporte de marihuana. En la serranía del Perijá aparecieron los cultivos de amapola y coca, que desplazaron aún más a los yukpa. Décadas después el gobierno, en su lucha contra las drogas, optó por la aspersión del glifosato y los yukpa terminaron bañados por este herbicida.

A finales de los años ochenta, el frente 41 de las FARC ocupó gran parte de la serranía del Perijá, así como el ELN con el frente Camilo Torres. A finales de los años noventa llegaron los paramilitares al mando de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, comandante del bloque Norte. En esa guerra fratricida por el control del territorio los yukpas sufrieron el desplazamiento, el asesinato y la desaparición de varios de sus miembros. La desmovilización de los paramilitares y el proceso de paz con las FARC no han mejorado la situación. El frente Camilo Torres del ELN, que domina el Catatumbo, el Perijá y la zona de frontera con Venezuela, amenaza con tomar posesión de estas tierras. Líderes indígenas han sido amenazados.

Condiciones de Vida Deplorables

Los problemas de salud en el pueblo yukpa forman parte de su diario vivir. Sufren con frecuencia afecciones gastrointestinales, cutáneas, respiratorias, abortos espontáneos, malformaciones y desnutrición. En la comunidad de la Frontera sorprende la cantidad de niños y jóvenes con labio leporino o paladar hendido. Para ellos, estas desgracias se deben a las fumigaciones con glifosato hechas años atrás.

El aislamiento al que han confinado a los yukpa ha afectado su calidad de vida. Replegados en lo alto de las montañas y sin acceso a tierras y agua, sobreviven con la escasa siembra de frijol, maíz cariaco (semilla propia de los indígenas), yuca y malanga. Los casos de desnutrición en ambos resguardos están disparados, así como las muertes de niños y mujeres embarazadas. Según información de autoridades indígenas de Sokorpa, en lo corrido de este año han muerto por desnutrición cinco niños y tuvieron que llevar otros nueve a Valledupar para salvarlos.

Destrucción de su Habitat

A su alrededor la serranía agoniza. En las partes altas aparecen con frecuencia los parches negros y las columnas de humo producto de la quema indiscriminada de los bosques. La montaña ya no huele a cedro o caracolí, sino a ceniza. A esto se le suma que la construcción de carreteras o trochas en la parte alta de la serranía ha afectado los nacederos de los ríos que alimentan las poblaciones. Ríos como el Sicarare o el Casacará terminan desviados hacia plantaciones de palma de aceite. La poca agua que sigue su caudal normal baja contaminada de agroquímicos o succionada con motobombas hacia fincas.

Multinacionales carboníferas también han desviado afluentes como el Maracas o el Sororia, o los han usado como canteras de extracción de material. En el Cesar extraen 60 % de la producción nacional de carbón. Aunque en 2016 las exportaciones del departamento alcanzaron las 90 millones de toneladas y generaron miles de millones de pesos en regalías, los indígenas yukpa dicen no hacer recibido un solo peso. Por el contrario, aseguran verse afectados por la situación crítica en la que se encuentran los ríos.

Este 2019, el país celebra 200 años de independencia, pero los yukpa parecen vivir un año más de colonización y atropellos. 

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