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August 21st at 1:41pm

Buenaventura, La Ciudad Exorcizada. VIDEO MONETIZACION DENEGADA

Hola humano,
Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia de la serie "Los Lugares Más Horribles del Mundo".
Hace apenas dos semanas este obispo se subió a un camión de bomberos para acudir en apoyo de su pueblo. No iba a apagar fuego alguno. Recorrió las calles de su ciudad lanzando agua bendita para, según él, espantar el demonio de la violencia.
Que en pleno siglo XXI alguien aún crea se pueden combatir los crímenes con exorcismos indica que en esta ciudad hay gente muy ingenua o muy desesperada. Juzguen ustedes. Hoy les presentamos Buenaventura, en Colombia.

Buenaventura, La Ciudad Exorcizada.

El nombre oficial de este lugar es Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura. Nombre que promete mucho. Y no debería de ser para menos. Buenaventura es el puerto más importante de Colombia y uno de los 10 puertos marítimos más importantes de América Latina; mueve más de la mitad de toda la mercancía que entra y sale del país, y genera cerca de 2.000 millones de dólares anuales para la economía colombiana sólo en impuestos de aduanas.

Pero la riqueza que genera contrasta con las condiciones de pobreza de la población, una de las peores de Colombia: el 80% de los residentes son pobres, un 41% viven en condición de miseria. Adicionalmente, el 71% de la población solo tiene agua ocho horas al día, el 40% de los ciudadanos no tiene servicio de alcantarillado, y el desempleo (según Wikipedia, que debe incluir los trabajadores informales) supera el 65%. (Vamos a mencionar también que casi el 90% de la población del puerto y la ciudad es de raza negra, para que cada uno relacione este dato con todo lo previo a su antojo y criterio). Así que dicho esto, ese nombre oficial no sólo deja de parecer prometedor sino que el nombre más simple de "Buenaventura" parece hasta cuestionable. Esta ciudad de poco más de 400.000 habitantes bien podría llamarse "Malafortuna", porque a pesar de su enclave privilegiado la historia de esta localidad ha estado plagada de desventuras desde que a finales del siglo XVI fuese incendiada por los propios nativos que la habitaban. 

La historia de Buenaventura es una de pesares y violencia. Hoy es uno de los lugares más violentos de Colombia. Y quizás el obispo Jaramillo, con su agua bendita y su exorcismo esté intentando combatir esta violencia con las armas apropiadas, porque una peculiaridad de los muchos asesinatos que se dan aquí es que un buen número de esas víctimas o no aparecen o aparecen desmembradas. Resulta que parte de la población cree que cuando alguien es asesinado, enterrarle con los pulgares de los pies y las manos juntos permite que su alma descanse y que ésta regresará para vengar a quien lo asesinó. Los asesinos combaten esta creencia desmembrando los cuerpos de sus víctimas para que ese hechizo no tenga efecto.

Desmembramientos que se llevan a cabo en viviendas en medio de la comunidad, con los gritos de las víctimas pidiendo auxilio en medio de la noche que los vecinos pueden escuchar. A estos lugares se les conoce como "casas de pique", o sea como los mataderos donde se descuartiza el ganado. Los desmembramientos no solo sirven para combatir el embrujo también pretenden aterrorizar a la población y quebrar el espíritu de los familiares.
La brutalidad de esta violencia y la gran cantidad de asesinados y desaparecidos es una situación que el ex-obispo de la localidad, Monseñor Héctor Epalza viene denunciando desde hace años. También el director ejecutivo para América Latina de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco.

Es el puerto de Buenaventura el que desata tanta violencia. Su riqueza es su condena. Desde hace décadas Buenaventura pertenece al corredor estratégico para la salida de droga hacia los mercados internacionales. En marzo de este año, en Nueva York, se descubrió el mayor cargamento de cocaína en un puerto neoyorquino en más de 20 años. Fueron casi 1.500 kilos, cotizados en US$80 millones, llegaron desde Buenaventura. La ciudad portuaria es la guarida de numerosas bandas criminales paramilitares dedicadas no solo el narcotráfico, también a la extorsión y el sicariato. Las bandas se enfrentan entre sí por el control de la ruta ilegal de alcaloides desde el puerto municipal.

Las de mayor renombre son "La Empresa" y "los Urabeños". La escalada de violencia entre estas bandas es tal que hace unos años una de ellas, La Empresa, comenzó a dejar panfletos casa por casa con el siguiente mensaje:
"Por medio de la presente nos dirigimos a la población bonaverense para informarles lo siguiente: los hechos de terror y violencia que se han venido presentando en la ciudad no sólo son de parte de La Empresa, sino también de parte de la organización Los Urabeños.
Si hay tantos homicidios y desapariciones es porque nos estamos defendiendo. Atentamente, La Empresa."
Parece cómico, si no fuese tan trágico.

A fines de 2014 se trató de recuperar algo del control de la zona con un envío de 700 efectivos militares, adicionales a los 2400 ya presentes. Con 54 muertes violentas en los primeros seis meses de este año (un 75% más alto que el mismo período del año pasado), con un aumento de 200% en el robo de autos y motocicletas, y más de 200 crímenes sexuales el año pasado, parece que esa estrategia no dio resultados. La violencia hoy es mayor que nunca.

Hay quien sospecha otra razón para que la violencia no disminuya, la reconstrucción que el gobierno planea para todo este área. Para sacar adelante los megaproyectos de infraestructura y expansión, orientados a buscar nuevos mercados en Asia y consolidar la llamada "Alianza del Pacífico" con México, Perú y Chile, el gobierno necesita deshacerse de todos estos palafitos y desplazar hasta 120.000 personas. Ya lleva años desalojando y reubicando bonaverenses hacia la colonia interior de San Antonio. Pero mucha gente no quiere ir allá. Son viviendas muy pequeñas, no tienen trabajo allí, el coste de desplazarse hasta la ciudad puede llevarse hasta tres cuartas partes de su dinero y su sustento lo tienen aquí, a la puerta de casa, en sus barcas de pesca. Llevan aquí generaciones, ellos construyeron este territorio. Ahora son las empresas quienes quieren sus barrios de bajamar y su entorno. Es el miedo a la violencia lo que está empujándoles fuera de aquí poco a poco.

No son solo los asesinatos. También la extorsión. Todo negocio, incluyendo vendedores ambulantes, debe pagar la que se conoce como ‘la vacuna’, la cuota semanal que garantiza su seguridad. Existen los préstamos ‘gota a gota’ en el que las organizaciones criminales prestan dinero a los vecinos con la condición de que lo paguen de manera diaria o semanal, y en el que un solo impago puede costarle la vida a la persona.

Escapar de todo esto no es fácil porque hasta mudarse de un barrio a otro ya significa poner en peligro la vida. El enfrentamiento entre los grupos criminales ha reordenado la topografía de la ciudad de una manera que no aparece en mapa alguno. Barrios que pertenecen a un grupo y barrios que pertenecen a otro.
Fronteras invisibles como ésta, la vía Cabal Pombo que divide a las zonas Matías Mulumba y El Caldas. Nadie de una zona puede pasar a la otra sin poner su vida en peligro. Aún así hay algunos que se arriesgan: Los motoratones, como se conoce a los taxistas en moto de la zona, jóvenes que son usados como espías por las pandillas locales, y que representan la mayor cantidad de asesinatos de jóvenes en los últimos años.

Parece que nadie acude en apoyo de los bonaverenses. La corrupción institucional es tal que varios de sus últimos ex alcaldes se encuentran detenidos o procesados por la justicia. El apoyo del gobierno es escaso. Los jóvenes son presa fácil de las organizaciones criminales que les entregan una moto y una pistola y les ponen a trabajar para ellos.
Mientras la ciudad celebra los 479 años de su fundación, la violencia escala y sigue su curso. Parece que el demonio habitase sus calles, que se pasease entre sus fronteras invisibles, que se divirtiese en sus casas de pique. Parece que estuviese agazapado en una esquina viendo pasar ese camión de bomberos desde el que el obispo Jaramillo lanza a ciegas su agua bendita a un lado y otro, a ver si le atina con su exorcismo.

Hasta la próxima, la paz.

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Categoría: Sociedad
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