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July 4th at 12:30pm

Centralia

Hola Humano,

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

En esta nueva entrega de la serie "Los Lugares Más Horribles del Mundo" atendemos la petición de quienes habéis sugerido un lugar llamado Centralia.

Algunos de vosotros puede que reconozcáis este lugar que comenzamos a mostraros. Se llama Silent Hill (o 'Colina Silenciosa'), es un lugar que da nombre a un prestigioso videojuego. En la ficción de este juego, Silent Hill es un pueblo abandonado y maldito que atrae almas torturadas para confrontarlas con sus peores miedos.

Una vez dentro de este lugar parece imposible salir de él. Los peligros que te aguardan impregnan tu piel tanto como la densa niebla que te rodea creando un terror psicológico que convierte el desolado pueblo de Silent Hill en un lugar… horrible.

El éxito del videojuego dio paso a una película del mismo nombre. Cuando en la película, los copos de nieve que caían en el primer videojuego pasaron a ser copos de ceniza, nos contaban que aquello se debía a fuegos existentes en el subsuelo del lugar; y nos explicaban que ésa era la razón por la que Silent Hill había sido abandonado. Lo que los creadores de toda esta ficción estaban haciendo era simplemente acercarnos un poco más a la realidad que inspiró todo lo que lleváis visto hasta ahora.

Éste es ese lugar real.

MarginalMedia presenta un cortodocumental de la serie "Los Lugares Más Horribles del Mundo":

Centralia, Un Infierno de Película.

Cuando en 1962, en la localidad de Centralia, condado de Columbia, estado de Pennsylvania, Estados Unidos de América, un fuego comenzó a arder en el subsuelo, la prensa y los medios de comunicación hicieron referencia a ello como "El infierno en la Tierra". No se equivocaron. Un suceso que en un primer momento pareció no más que un descuido intrascendente acababa de marcar el principio del fin. Un incendio que no se sabía dónde estaba (y por lo tanto imposible de extinguir por el ser humano) acabaría con la localidad y cambiaría el destino de sus habitantes. Si alguien intenta explicarse el infierno, eso es lo que es: un fuego que no se sabe bien dónde está y siempre arde. Durante 20 años, los habitantes de Centralia asistieron al desarrollo de los acontecimientos con la impotencia de quien le hubiese caído una maldición encima. Tal vez fue eso: una maldición.

Este lugar fue comprado por colonos europeos a tribus nativas en 1749 por tan solo 500 libras.

En 1842 aquí se descubrieron depósitos de Antracita, el mineral con mayor concentración de carbono que existe. La compañía minera Locust Mountain Coal and Iron Company se hizo con la propiedad del terreno. Uno de los ingenieros encargados del proyecto de explotación llamado Alexander Rae se mudó aquí y fundó la villa que sería eventualmente la ciudad de Centralia.

Quien sabe si la maldición comenzó con él. Alexander Rae fue asesinado en 1868 a manos de una sociedad irlandesa llamada Molly Maguires, conocida por su activismo entre mineros irlandeses inmigrantes en el estado de Pennsylvania.

Los disturbios del grupo Molly Maguires fueron numerosos y mantuvieron atemorizados a la población. Contra sus desvanes se alzó el padre Daniel Ignatius McDermott, el primer sacerdote católico en establecerse en Centralia. Los Maguires atacaron al sacerdote por denunciar sus actividades delictivas y éste, respondió maldiciendo la tierra. Proclamó que una día la Iglesia Católica Romana de San Ignacio sería el único edificio en pie en Centralia. ¿Fue el cura quien lanzó la maldición?

Años más tarde los Maguires acabarían pagando por sus delitos y varios de sus líderes fueron colgados públicamente, Los crímenes en el área se redujeron y Centralia prosperó como ciudad minera.

Alcanzaría su pico en producción de Antracita en 1927. Luego, en 1929, llegó el conocido colapso de la Bolsa de Nueva York y muchas de la minas tuvieron que cerrar. Pero la minería de carbón continuó en Centralia durante más de tres décadas gracias a la compra de los derechos de explotación por parte del consejo de la ciudad.

No se vivía mal. Centralia era un lugar donde ya existían familias que habían vivido en él durante varias generaciones. Un hogar para muchos.

Hasta que llegó el 27 de mayo de 1962, el día de la maldición...

Ese día los residentes de Centralia se preparaban para la celebración del Memorial Day, el día en el que los estadounidenses recuerdan a sus soldados caídos en combate. Al igual que cada año el ayuntamiento prendió fuego al basurero de la ciudad para limpiarlo. Pero este año la ubicación del basurero era nueva: la fosa de una mina abandonada. El fuego encendió en llamas una veta expuesta de carbón y se expandió por todas las minas situadas debajo del pueblo.

Las llamas se perdieron rápidamente de vista y durante los siguientes 20 años lo que los residentes percibieron fue la superficie comenzando a resquebrajarse y humos y olores provenientes del subsuelo que empezaron a afectar su salud por la inhalación de monóxido de carbono.

Hubo intentos baldíos de sofocar los incendios subterráneos bombeando agua en las minas y taponando las grietas; pero nuevas grietas aparecían y el fétido humo seguía saliendo.

La gente se acostumbró a vivir con ello esperando que el incendio bajo sus pies se extinguiese solo cualquier día.

Hasta que en 1979 el propietario de una gasolinera descubrió accidentalmente que la temperatura de la gasolina en su tanque de almacenamiento era de 78 grados celsius. La gasolinera era una bomba de relojería.

Dos años más tarde, los periódicos nacionales se hacían eco de otro suceso ocurrido en Centralia: un niño de doce años salvaba su vida de milagro al agarrarse a unas raíces cuando un pozo de decenas de metros de profundidad se abrió inesperadamente bajo sus pies.

Para entonces las vías férreas ya hacía años que estaban inutilizadas y las carreteras iban resquebrajándose y liberando gas caliente.

Era el momento de actuar seriamente. En 1983, el Congreso de los Estados Unidos asignó más de 42 millones de dólares para la reubicación de los residentes después de que ⅔ partes de estos votasen a favor de abandonar la ciudad. Más de mil personas dejaron la ciudad, 500 estructuras fueron demolidas.

Unos 50 residentes permanecieron en Centralia, hasta que en 1992, por medio de un Reclamo de Dominio por parte del estado, se inició la demolición del resto de edificios en la ciudad sin que quienes aún permanecían pudiesen hacer algo por evitarlo. Los últimos residentes quedaron abandonados a su suerte cuando la ruta de acceso más importante a la localidad, la carretera estatal número 61 fue finalmente cerrada.

En 2002 el Servicio de Correos retiró el código postal de la ciudad, el 17927, y en 2009 el gobernador del estado, comenzó el desalojo formal de los residentes restantes de Centralia.

Un año más tarde, cuando se llevó a cabo el último censo se registraron 10 personas, pertenecientes a 3 familias, viviendo en 5 viviendas.

Desde entonces el nombre de Centralia está siendo progresivamente borrado de señales, mapas y registros.

Parece que la maldición del cura McDermott está a punto de consumirse. O no, porque los expertos auguran que el incendio, que se sabe está a 1600 metros de profundidad, puede durar aproximadamente otros 250 años.

McDermott dijo que su iglesia católica romana sería el último edificio en pie en Centralia un siglo antes que se iniciase el incendio que consumiría la ciudad. Y casi acertó. El último edificio, bien conservado y aún operativo en Centralia es una iglesia, pero no la suya, sino la de la competencia. De las cinco iglesias que en su día hubo en Centralia la iglesia católica Ucraniana es la que permanece e impresiona renaciendo como un Cénit entre tantas cenizas como la rodean. Esta iglesia tuvo la suerte de ser construida sobre roca sólida, no carbón, el infierno no va abrirse a sus pies. El arzobispo mayor de la Iglesia Católica Ucraniana quedó tan impresionado con esta circunstancia cuando visitó el lugar en 2015 que ha nombrado la iglesia lugar de peregrinación. El padre McDermott debe de estar retorciéndose de envidia en su tumba. ¿Cómo pudo su maldición volverse contra él?

Para los últimos residentes de Centralia, el recordatorio diario de su maldición no son los numerosos letreros de advertencia del fuego subterráneo, inestabilidad del suelo y riesgo de colapso de sumideros, y de niveles peligrosamente altos de monóxido de carbono en el aire; sino los graffitis, para ellos la maldición son los turistas que dejan basura y graffitis por todas partes: en la carretera, en los árboles, en los edificios restantes… Ellos han visto cineastas de Hollywood aparecer por aquí en busca de localizaciones para sus películas y pasar de largo en cuanto ven la imposibilidad de evitar tanto graffiti.

Ellos perciben el infierno sobre el que residen como una mina de oportunidades. No sólo porque ese "infierno en la tierra" con el que se les catalogó hace ya más de 50 años es como el título de una buena película, es que la mina, literalmente, sigue bajo sus pies. Y sobre esto, para que nada falte, también tienen su teoría conspiratoria.

Parece ser que en Estados Unidos hay cientos de incendios de vetas de carbón, sólo en el estado de Pennsylvania 45. Incendios, que según algunos, no suelen durar tanto ni ser tan peligrosos como se cree. ¿Entonces por qué tanto drama con Centralia? Porque bajo la ciudad aún pueden quedar dos o tres mil millones de dólares en valor de antracita, cuyo título de explotación pertenece a la ciudad desde 1950. Claro que si esta desaparece, ese título y el derecho de explotación pasará a pertenecer al estado. Hay quienes creen que aquel incendio en 1962 fue provocado por el gobierno y camuflado como un accidente; que ésta es la auténtica maldición: una película titulada "El Infierno en la Tierra", con un argumento tramado desde las cúpulas del poder sobre una ciudad que se hunde en medio de las llamas y un gobierno que acude a rescatar a sus gentes. Una película de horror para asustar a los habitantes del lugar y quedarse con su riqueza en cuanto lo vacíen

Mirando los campos serenos y apacibles de Centralia cabe preguntarse eso: si realmente este es un lugar horrible o una película que Hollywood nos ha vendido. 

Bueno, nosotros no vamos a despedirnos sin pasar la oportunidad de venderte otra película que parece un poco más real: casualmente tenemos otro vídeo de esta serie con el mismo problema: fuegos incontrolados en el subsuelo. Es un lugar en la India llamado Jharia. Y a diferencia de Centralia, la gente no tiene fácil la opción de abandonar el lugar, ahí sí que se ven las llamas y las construcciones no las derrumban, se las traga la tierra. Os recomendamos ver el video si aún no lo visteis; porque ya se sabe que la industria de Bollywood es mayor y produce más que la de Hollywood. Como 'infierno en la tierra", como "lugar Horrible" Jharia le da mil vueltas a Centralia.

Hasta la próxima,

la paz. 

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Categoría: Entretenimiento
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