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April 30th at 5:53pm

Científicos, Héroes Caídos

Hola humano,

 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia.

 

Para mi, los héroes de nuestro tiempo son los científicos. En un mundo cada vez más pragmático y manipulado, yo aún quiero creer en el científico altruista que busca la verdad y desea mejorar el mundo. Alguien capaz de emplear su vida intentando resolver un problema con el sueño de poder dejarnos como legado un pequeño milagro. A pesar de los avances científicos, tengo la impresión de que su labor cada vez es más complicada.

 

Poca gente se percata del estrés que puede acumular un científico como resultado de largas e intensas horas de trabajo. Tratando de abrirse camino en campos altamente competitivos, equilibrando la enseñanza académica y las demandas de publicación, y sintiéndose muchas veces solo: por trabajar como profesional independiente, por hacerlo en un área de especialización único, o porque su identidad cultural no encaja en organizaciones científicas donde es rechazada o devaluada.

 

El estrés produce agotamiento y malestar emocional. Pero a diferencia de otros profesionales, el científico siente que ha de ocultar esos síntomas. Las normas tradicionales de rigor científico generalmente dictan que los científicos permanezcan compuestos y sin emociones en su búsqueda del conocimiento. La admisión de angustia emocional relacionada con el trabajo se interpreta como debilidad, deficiencia de carácter o, peor aún, falta de integridad científica y objetividad.  Y este estigma amplifica los temores de perder el respeto de los compañeros, lo que perjudica, aún más, el bienestar emocional de toda la comunidad científica.

 

Quienes parecen estar pasándolo realmente mal son los científicos relacionados con las Ciencias de la Tierra. En particular, aquellos que producen y/o comunican información sobre la ciencia del clima. En Australia algunos expertos ya están pidiendo para estos científicos los mismos servicios de asesoramiento traumático que se les ofrece a bomberos, policías, conductores de ambulancias y veteranos de guerra. Los científicos de las Ciencias de la Tierra, más que nadie, son muy conscientes de los efectos que el cambio climático puede tener en sus familias y en la comunidad. El tener que comunicar constantemente malas noticias no es plato de buen gusto, el ser marginado y estigmatizado por ello, menos; y ya ver el desastre venir con antelación, como en el caso de la temporada de incendios que Australia acaba de sufrir, estar avisando del peligro con tiempo y luego ver la tragedia culminar por la inactividad de las autoridades, puede ser devastador para el equilibrio mental de alguien. El efecto de ver que años de trabajo son negados sistemáticamente por gobernantes y buena parte de la sociedad, está produciendo una angustia creciente en la comunidad científica. Los héroes se derrumban.

 

¿Y por qué creemos cada vez menos a los científicos? Porque la comunidad científica parece estar dividida en una serie de temas y para la mayoría de nosotros, que entendemos poco, el verles pegarse resta credibilidad a sus posturas y crea desconfianza generalizada en la ciencia ¿Y por qué se pegan tanto? Pues porque los científicos son personas como tu y yo que tienen que comer, pagar sus facturas; a quienes como a ti o a mi les tienta la riqueza y el reconocimiento, y quienes por conseguirla, en ocasiones, se corrompen. Y cuando lo hacen, se les nota. Hoy ya vemos científicos defendiendo posturas claramente erróneas y difundiendo información falsa.

 

Este vídeo va sobre eso, sobre cómo un héroe se convierte en villano; sobre cómo el sistema de reconocimiento a la labor de un científico se ha corrompido hasta convertirse en un mercadeo de intereses. Este vídeo va sobre la adulteración de la ciencia y el derrumbe de mis héroes, los científicos. 

 

Científicos, Héroes Caídos

 

Un científico comienza su carrera estudiando y sacando un título en una universidad. Lo común es que luego pase a trabajar como investigador en un centro gubernamental o privado, en una compañía especializada o en el sector educativo. Desde esa posición se dedica a hacer experimentos, inventos o descubrimientos. Ha de informar de los resultados de su trabajo enviándoles a una publicación científica asociada a su disciplina. El equipo de revisores de la revista le da al científico una serie de recomendaciones o correcciones para incorporar a su publicación, y tras éstas ser incorporadas por el científico, el artículo o ensayo aparecerá publicado en la revista y estará a la vista de toda la comunidad. Si el material presentado por el científico es de mala calidad o no es corregido la revista simplemente lo rechaza.

 

Esta es una tarea que el científico hace de por vida. Su trabajo se mide por publicaciones y sus credenciales van construyéndose sobre la calidad de las mismas. La calidad de una publicación se mide con un valor numérico llamado Impact Factor, o Factor de Impacto, IF. El IF es la relación entre el número de citas o menciones que las publicaciones de esa revista han conseguido en otros trabajos publicados por otras partes, y el número de trabajos que hay en dicha revista.
 


Para entendernos, las revistas más rigurosas y prestigiosas suelen tener pocos trabajos publicados, pero el número de citas de estos trabajos en otras publicaciones es tan alto que su IF no para de crecer. Revistas médicas, por ejemplo, tienen IFes muy altos por su relevancia en la sociedad. Revistas de otros temas como materiales, calidad del agua, ciencias ambientales, etc… sube o bajan su IF y popularidad dependiendo de si son temas tendencia del momento o no. [Añadí popularidad porque el IF se sabe hasta luego de un año, y la popularidad es más inmediata. Ambas métricas son útiles]
[Puedes incluir esta página para mostrar varias revistas y sus IFes]



¿Qué revistas científicas están subiendo su popularidad ahora? Las de medicina, virología y epidemiología.

 

El IF no solo acredita a la revista sino también al científico. En México por ejemplo, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) da estímulos económicos a los profesionales que forman parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en función del número de artículos y de la calidad de las revistas donde publican. Es importante para un científico no sólo publicar con regularidad sino también aspirar a ser incluido en las revistas más prestigiosas para que sus artículos alcancen el mayor número de referencias en los trabajos de otros investigadores, elevando así su carrera profesional. A esto se le añaden otros requisitos como contar con patentes, hacer divulgación de la ciencia, contar con estancias y ponencias nacionales e internacionales, etc. 

 

Este sistema a base de estímulos tiene sus pros y contras pero parece razonablemente justo: un sistema basado en el esfuerzo y méritos de cada uno y abierto a todos. Parece, pero lo cierto es que el sistema se ha ido corrompiendo en algunos casos.

 

Para empezar no está abierto a todos, está abierto a quien más dinero tiene. La carrera de científico cuesta. Más allá de costearse la carrera universitaria, sigue costando dinero el progresar dentro de la profesión. Una publicación científica requiere citar al menos de 30 a 50 trabajos de otros autores (generalmente de revistas diferentes). El acceso a estos otros trabajos cuesta; ése es el negocio de las revistas, cobrar por el acceso a sus publicaciones. Un científico que quiera acceder a esas 30 o 50 publicaciones, a un promedio de $40 por acceso a cada publicación, pues ya tiene que desembolsar entre 1200 y 2000 dólares para poder simplemente leer el material y luego ver si le sirve para su trabajo o no. Si tiene la fortuna o el mérito de que más tarde su publicación final sea aceptada por una revista, serán otros los que tengan que pagar para acceder a su artículo, pero él no va a ver un dólar de ese dinero, ese dinero va para la revista. Al científico le queda ese reconocimiento por publicar y por las posibles citaciones de otros colegas a su artículo.

 

Hay instituciones y universidades que pagan el acceso a un mayor o menor número de revistas para sus miembros y estudiantes. Pero igual, alguien tiene que pagar por el acceso a la información.

 

Existe la opción Open Access (Libre Acceso), en la que el creador de la publicación paga por ella y luego la ofrece gratis a todo el mundo. Pero es una opción generalmente  cara para el investigador. Y da una ventaja al científico que puede hacer eso ante el que no puede permitírselo, pues al estar su trabajo más expuesto puede aumentar su reconocimiento y difusión fácilmente a través de más referencias.

 

Algunas editoriales más prestigiosas como Nature poseen varias revistas de libre acceso y generalmente publicar ahí significa llenarse de citas. Es difícil publicar en ellas pero parece lo justo, llegar hasta la élite basándose en el mérito de las publicaciones. 

 

Un caso interesante es el del Robin Hood de la ciencia. Existe una persona que se enfrenta a este sistema monetizado pretendiendo borrar la barreras comerciales de la ciencia y distribuir gratuitamente todo estos trabajos científicos a quien quiera acceder a ellos se llama Alexandra Elbakyan, una neurocientífica  que creó una website llamada Sci-Hub desde la que puedes descargar cualquier documento científico que sea capaz de identificar. Muchas compañías detrás de las revistas internacionales la buscan por pérdidas millonarias, muy al estilo de WikiLeaks; pero ella está en Rusia y sigue migrando de dominio su sitio cada vez que lo remueven de internet. Todo un caso sobre la libertad de acceso al conocimiento científico. Sin embargo, hay quién afirma que las publicaciones científicas no pueden ser gratis ya que hay que sostener el importante sistema editorial en el que se basa la comunidad científica hoy en día. 

 

A la sombra del sistema establecido de comercializar las publicaciones han florecido los estafadores. Ésta es una lista de posibles publicaciones “depredadoras” o publicaciones “engañosas”, que así se llaman a las publicaciones académicas explotadoras que se dedican a cobrar tarifas de publicación a los autores sin verificar la calidad y la legitimidad de los artículos, y sin proporcionar la misma calidad respecto a los servicios editoriales y de publicación que proporcionan las revistas académicas legítimas.

 

Básicamente, en muchas de estas revistas, cualquiera puede publicar lo que se le antoje pretendiendo que sea un artículo científico, basta con pagar por ello. El meollo de esta lista lo creó un bibliotecario llamado Geffrey Beall cuando comenzó a recibir correos electrónicos de algunas de estas revistas invitándole a ser parte de sus juntas editoriales, correos escritos incluso con faltas ortográficas. Su lista pretendía documentar editores de acceso abierto que no realizaban revisiones profesionales de lo publicado. En 2011 su lista incluía a 18 editores, cinco años después la lista incluía 923. Ésa es la rapidez con la que ha crecido el fraude de las publicaciones engañosas. Beall tuvo que desactivar su lista en 2017 dada las numerosas amenazas con demandas por difamación que le caían encima de estos editores.

 

En estas revistas con nombres tan largos y tan bonitos es donde florecen las noticias falsas. De aquí salen los pretendidos estudios de que el cambio climático es falso o de que las vacunas no sirven; aquí es donde pretendidos científicos se llenan de reconocimientos y citas por trabajos falsos, mediocres o sin fundamento. A estas revistas se agarran profesores universitarios para seguir publicando y no perder los estímulos que puedan estar recibiendo de sus gobiernos. Profesores que pueden estar apropiándose del trabajo de sus alumnos, investigadores que plagian o replican innecesariamente trabajos… todo por mantener una cuota de publicaciones. “Publicar o Perecer”, así se conoce esta idea generalizada de que, si no publicas, "mueres" como científico. No importa si publicas basura o robas ideas de colegas, todo vale con tal de mantenerse ahí.

 

El resultado son científicos que sólo se dedican a hacer experimentos prácticamente inviables o sin futuro, estudios sin sentido que no atacan ninguna problemática, que nunca aportan una solución práctica. Investigadores que no buscan consolidar una tecnología, o contacten compañías o ingenieros para hacer prototipos de sus diseños, nada, sólo quieren sus publicaciones, sus referencias, su prestigio…, porque es eso lo que al final les va a llevar hasta esa poltrona universitaria donde van a poder sentarse de por vida y desde la que van a estar enseñando a los jóvenes estudiantes científicos sobre lo que significa la pasión por el conocimiento. ¿Qué podrán enseñar? ¿El camino como ellos traicionaron a la ciencia?

 

Mis héroes, hoy, se convirtieron en humanos cualquiera, capaces de venderse por un plato de lentejas.

 

Pero yo sigo creyendo en la puridad de los que queden sin corromper. Y en las voces de los jóvenes investigadores que surgen y quieren denunciar todo esto, que no quieren renunciar a lo que la ciencia debería ser: un sistema de estudio al servicio de la verdad. Jóvenes como Raúl Márquez, estudiante de postgrado de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, quien me ha sugerido este cortodocumental y me contado lo que yo acabo de contarles a ustedes. Si quieren conocerle, en la descripción del vídeo encuentran un enlace a su perfil y sus publicaciones. Gracias Raúl por compartir tus inquietudes conmigo y con todos. Suerte en tu carrera como científico. Para mi, tú sigues siendo parte de los héroes que necesitamos

 

Hasta la próxima, 

 

La Paz

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Categoría: Sociedad
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