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September 5th at 3:43pm

Rohingyas, Los Apátridas

Hola humano, 

Bienvenido a un cortodocumental de MarginalMedia. 

Hace ahora dos años las fuerzas de seguridad de la República de Myanmar (más comúnmente conocida como Birmania) iniciaban una brutal represión contra la que para muchos es la minoría más perseguida del mundo, los rohingyas, causando uno de los mayores éxodos humanos de la historia moderna. Tres cuartos de millón de rohingyas abandonaban sus hogares en el estado de Rakéin, en el oeste del país para huir de los asesinatos, violaciones e incendios provocados contra ellos, y refugiarse en el país vecino, Bangladés. Las Naciones Unidas calificarían más tarde los actos de la autoridades birmanas contra los rohingyas como genocidio. 

Hace sólo dos semanas, cinco autobuses y 10 camiones organizados por el gobierno de Bangladés se presentaron en el campamento de Teknaf para iniciar la repatriación a su tierra de un primer grupo entre 3450 rohingyas seleccionados. Los vehículos esperaron y esperaron, y 6 horas más tarde de marcharon totalmente vacíos. Ni un sólo rohingya se había presentado. 

Explorando por qué los rohingyas se resisten ahora a volver a sus hogares encontramos no sólo la ya conocida tragedia de limpieza étnica que sufrieron, sino también una historia de profunda insolidaridad humana. Este es un ejemplo brutal de cómo cuando no queremos ver, no vemos; de la falta de voluntad política por resolver un problema que preferimos ignorar. Esta es la historia de los rohingyas, un pueblo condenado por la apatía de todos. 

 

Rohingyas, Los Apátridas 

Los Rohingyas no tienen patria, no son reconocidos como ciudadanos de ningún país. El primero en negarles esta nacionalidad es su propio país, Myanmar (la antigua Birmania), donde han nacido y vivido durante generaciones. 

Ellos tiene su identidad y su lugar de residencia desde hace siglos en la región de Arakan, una franja costera de unos 500 km de longitud que se extiende al oeste de Birmania, frente al golfo de Bengala ―y a la cual, hace pocos años la dictadura militar birmana que controlaba el país le cambió el nombre por el de Rakéin-. Esta región está separada del resto del país geográficamente por la cordillera Arakan Yoma. Hacia el oeste de la cordillera están entre otros los rohingyas, cuyos primeros pobladores vinieron del subcontinente indio, del este de la cordillera han llegado habitantes de origen chino tibetano. 

Durante siglos ha existido ha existido la controversia sobre quién llegó, cuándo. La región ha sido durante mucho tiempo un caldo de cultivo para disputas tribales y extremismos religiosos. El caso hoy, es que Myanmar reconoce 135 grupos étnicos diferentes entre su población y entre ellos no están los rohingyas. Cualquier estado moderno resuelve las controversias sobre nacionalidad de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, que establece que cualquiera nacido en un país que no tiene otra nacionalidad le corresponde la nacionalidad de su país de nacimiento. El gobierno birmano, sin embargo, en lugar de buscar resolver la situación la perpetuó en 1982 dictando una ley que negaba la ciudadanía a los rohingyas, diciendo que ellos eran bengalíes. 

El rechazo de buena parte de los birmanos (cuya población es un 89% budista) contra los rohingyas, que pertenecen al 4% de población musulmana del país va tan atrás como la creación del propio estado birmano. 

La personalidad política birmana más importante hoy es esta mujer: Aung San Suu Kyi. No es la presidente del país por una formalidad burocrática: la constitución birmana prohíbe ocupar el puesto a quien tenga hijos con pasaporte extranjero y los hijos de Suu Kyi son británicos. Pero ella, como presidenta del partido en el poder y con cuatro de los ministerios más importantes del gobierno bajo su cargo, lidera desde la sombra. Y es por eso que esta mujer, condecorada con todo tipo de reconocimientos internacionales, incluyendo el Premio Nobel de la Paz, precisamente por "su contribución no violenta a la democracia y los derechos humanos”, ha sido duramente criticada en el último par de años por su inacción ante la limpieza étnica de los rohingyas. 

Su padre, el general Aung San, es el héroe independentista que se enfrentó al imperio británico, y liderando el Ejército Independiente de Birmania con el apoyo del ejército japonés consigo la independencia de su país en 1943. El Reino Unido retomó el territorio al final de la segunda Guerra Mundial en 1945 pero en 1948 se vio obligado a reconocer la independencia definitiva de Birmania. Durante la ocupación japonesa los ingleses contaron con los rohingyas como aliados, bajo la promesa de que les permitirían crear su propio estado autónomo, promesa que nunca cumplieron. La semilla del resentimiento nacionalista birmano contra los rohingyas viene de aquí. 

En la Asamblea Constituyente tras la independencia, los rohingyas no fueron reconocidos como etnia autóctona de la zona, con el argumento de que eran producto de la colonización inglesa, que los había traído de Bangladés, aunque estos llevasen asentados en la región desde el siglo VII. La nacionalidad les fue negada 

Tras la llegada al poder de los nacional-budistas, comenzó una campaña de acoso y segregación mayor, con medidas legales y administrativas contra los musulmanes como la exigencia de autorización para los matrimonios de parejas de diferente religión o la denegación de permisos para la construcción de mezquitas. 

La negativa a conceder a los rohingyas la ciudadanía birmana fue ratificada en la Constitución de 1974. Tras la aprobación de ésta, miles de rohingyas emigraron a Bangladés. Los que se quedaron recibieron una tarjeta de residencia como extranjeros. La ya mencionada ley de ciudadanía de 1982 confirmó esta situación de apátridas para los rohingyas. 

Con el paso de los años y la permanencia en el poder de los nacional-budistas se acentúa aún más la persecución de los rohingyas negándoles derechos básicos como la sanidad y la educación, además de sufrir un constante acoso religioso con medidas como la demolición de templos o la restricción de transitar libremente. 

En mayo de 2012, tres hombres rohingyas violan y asesinan a una joven budista. A pesar de una rápida respuesta por parte de las autoridades, con 2 de los responsables condenados a muerte y el tercero suicidándose, el movimiento nacional-budista conocido como 969 inicia una brutal ola de violencia anti-musulmana con el ataque a un autobús en el que viajaban líderes musulmanes. Prenden fuego al autobús y algunos de estos líderes fallecen dentro. No hubo ningún detenido. 

Tras estos disturbios se fundó el Ejército de Salvación Rohingya de Arakan, (o ARSA). Sus fundadores fueron inmigrantes rohingyas establecidos en Arabia Saudita, donde prosperaron económicamente. El grupo mantiene relaciones con diversas organizaciones islamistas radicales, como Jamaat ul-Mujahideen de Bangladesh y una rama de Al Qaeda asentada en el subcontinente indio. 

En el 2014, los rohingya fueron excluidos del censo nacional que se hizo ese año, por lo que no pudieron ejercer su derecho a voto en la elección del año siguiente, la ganada por la Liga Nacional por la Democracia de Aung San Suu Kyi. 

Tras las elecciones, el Ejército de Salvación Rohingya de Arakan recibió apoyo de los consejos de notables rohingyas, lo que atrajo a muchos jóvenes de las aldeas a enrolarse. 

La primera acción armada de este grupo fue un ataque de más de 400 combatientes a tres puestos de la Policía de Guardia Fronteriza en el norte de Arakan el 9 de octubre de 2016. Dejó un saldo de nueve policías y ocho atacantes muertos. Al mismo tiempo se iniciaron insurrecciones en otros poblados rohingyas, que fueron rápidamente reprimidas por el ejército, con varios muertos entre la población y aldeas incendiadas en represalia. Miles de rohingyas huyeron por barco a Malasia, produciéndose la muerte de varios centenares de personas. 

Un nuevo ataque similar al anterior, pero mayor, dirigido contra 30 puestos militares, se dio el 25 de agosto de 2017. Fallecieron trece policías y militares birmanos y más de 400 atacantes. Según la versión oficial birmana, que destaca que no hubo ningún civil afectado. 

Por el contrario, testigos afirman que miles de rohingyas armados y desarmados fueron masacrados y quemados en sus casas en una respuesta gubernamental de represalia contra el pueblo rohingya. Médicos sin Fronteras calculó en más de 7 mil el número de muertos. Naciones Unidas acusó al gobierno de Myanmar de destruir 319 pueblos, además de numerosos crímenes de lesa humanidad como asesinatos con armas cortantes y violaciones. 

740.000 rohingyas huyeron. 

En la actualidad, a pesar de la reticencia de Bangladesh e India a la oleada migratoria hacia sus territorios. India acoge aproximadamente 40 mil rohingyas y Bangladesh 1.300.000, principalmente en la zona de Cox's Bazar. 

Los refugiados en este área, en lo que constituye el campamento de refugiados más grande del mundo, viven en extrema pobreza y sufren problemas como la escasez de agua, los monzones que han generado inundaciones, y el brote de enfermedades como varicela, difteria y cólera. 

Bangladés tampoco quiere reconocer a los rohingyas como ciudadanos. Los tiene oficialmente registrados como "ciudadanos de Myanmar desplazados por la fuerza", una designación que niega su condición de refugiados y cualquier derecho asociado a ésta. 

En la India no están mucho mejor, el partido en el gobierno, el BJP o Partido Popular Indio, ha comenzado a considerar a los indocumentados rohingyas una amenaza para la seguridad nacional. En abril del año pasado Manish Chandela, líder de las juventudes del partido, admitió públicamente por Twitter haber causado un incendio en un campo de refugiados rohingyas al sur de la capital. 

Los Rohingyas legalmente no existen. No pueden registrar a sus hijos en Myanmar, así que es como si estos no hubieran nacido. No pueden abrir una cuenta bancaria, no pueden recibir atención médica... No tienen derecho a nada. Existe un proyecto llamado, Rohingya Project consistente en crearles una identidad digital a través de una aplicación móvil y basada en la popular tecnología de blockchain. Esta identidad digital les daría con el tiempo acceso a educación, salud, servicios financieros y legales, beneficios sociales y capacidad de migración. Puede 

Lo que tienen, de momento, es una propuesta del gobierno de Bangladesh que les ha ofrecido asentarse en la isla Bhashan Char, a unos 30 kilómetros de la costa y a la cual solo se puede llegar por barco. Actualmente están construyendo carreteras, 1.440 casas y 120 refugios para ciclones, con un presupuesto de $235 millones y la ayuda de una prestigiosa compañía china. Sin embargo, se dice que la isla se hunde, no es mucho más que un cúmulo de barro que afloró hace menos de 20 años y se inunda en la época de monzones, lo cual la hace prácticamente inhabitable. 

Tienen esa alternativa y tienen el proyecto de repatriación acordado entre los gobiernos de Bangladesh y Myanmar. Ya hubo un acuerdo en noviembre de 2017 para iniciar la repatriación a partir de enero de 2018. Entonces, como hace sólo dos semanas, no se presentó nadie. 

Tienen miedo de regresar. Saben lo que dejaron atrás. Los rohingyas han declarado que no volverán sin las garantías necesarias para proteger su integridad.... ¿Pero quién les va a dar esas garantías? ¿Dónde está nuestra solidaridad humana? La ONU ha sido criticada por minimizar la gravedad de la crisis hasta que fue demasiado tarde. En 2018, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) firmó un acuerdo secreto que impulsó la repatriación y el establecimiento de un esquema de tarjeta de identidad, al que se opusieron muchos rohingyas. Un informe independiente que analiza la participación de la ONU en Myanmar entre 2010-2018, destaca sus fallos sistemáticos, afirmando que: 'Se cometieron errores graves y se perdieron oportunidades en el sistema de la ONU, siguiendo una estrategia fragmentada en lugar de un plan de acción común'. 

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), ni siquiera reconoce la identidad de los rohingyas. Igual que el país al que pertenecen, Myanmar. 

Falta la solidaridad. Sin un reconocimiento de la identidad de la etnia rohingya, sin un espacio protegido para ellos, y sin la justicia que merecen por las atrocidades cometidas contra ellos, esta gente morirá pobre y enferma en estos campos de refugiados antes que regresar a la pesadilla de la que escaparon. 

A día de hoy no hay solución para ellos. La ONU, ASEAN y Myanmar no están solucionando el problema porque fallan en reconocer que sin justicia no hay paz. Cuando los crímenes masivos del pasado no se abordan, estos están condenados a repetirse. La ONU, ASEAN y Myanmar no quieren meterse a hacer justicia y castigar a los culpables de las atrocidades cometidas porque lo ven como un impedimento para la paz, no quieren hurgar en la herida. Se equivocan, justicia y paz van de la mano. La paz no debe lograrse mediante la eliminación de los crímenes pasados; esto simplemente perpetúa el trauma y la sensación de injusticia que sienten las víctimas. 

El gobierno de Myanmar es responsable de múltiples crímenes contra los rohingyas, incluidos el genocidio, la violación y el incendio provocado. Myanmar también se niega a proporcionar acceso a investigadores internacionales para controlar la situación de una repatriación. ¿Quién va a querer regresar a un infierno para encontrarse de nuevo de cara con los perpetradores que asesinaron a sus familiares sin al menos una garantía de que cualquier agresión futura tendría una repercusión legal? ¿Quien va a regresar a un hogar donde ya les han dejado claro que no los quieren, que van a seguir siendo nadie, y que lo que les pase seguirá sin importar? 

Si no cuentas, si nadie te ve, si pretenden que no existes, no importa donde vayas o donde te quedes, porque la raza humana ya decidió borrarte del mapa. 

Hasta la próxima, 

La paz

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Categoría: Actualidad
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